El caballero

Cierra los ojos e imagínate que eres un caballero.

No lo imagines, siente que lo eres.

Eres ese caballero capaz de ayudar a un niño a recomponer su juguete cuando se le estropea. Ese caballero que acompaña un anciano en una charla porque se siente solo. Ese caballero que perfecciona su serenidad de cuerpo y mente con las artes antiguas transmitidas por generaciones.

Ese caballero que todos escuchan cuando se dispone a contar un cuento, ese cuento que habla de él y de cómo podemos comprender la vida para hacer de este mundo un lugar mucho más amoroso, respetuoso y colaborativo.

Tú eres ese caballero. Pero te contaré un secreto: alguien te hizo creer que para ser un buen caballero en esta vida tenías que correr más que los otros. Y entonces te pusiste botas de metal. Otro te convenció que tenías que ser el más fuerte, y te pusiste guantes y mallas en los brazos. También estuvo esa persona que te recordó que los caballeros no lloran, que no muestran compasión y que hacen burlas a sus semejantes para demostrar que sois camaradas. Y te abrochaste tu armadura en el cuerpo, cerrando tu corazón al mundo con una resistente capa de metal. Al final también pasó por tu vida el que te dijo que este mundo es cruel, y egoísta, que uno tiene que procurase por él mismo porque sino los demás te dejan vacío. Con él, agarraste tu casco de metal, lo ajustaste a tu cabeza y finalizaste tu transformación.

Ahora el mundo ve en ti fuerza, competitividad, intimidación y frialdad, y te ha convencido de que eres así.

Por esto a veces reaccionas de esta manera.

Por esto a veces estás convencido de ser el único que tiene razón, que decide correctamente o que va por el buen camino.

Por esto a veces te encuentras en medio de batallas sinsentido.

Por esto a veces te sientes solo.

Por esto a veces no te escuchan.

Atrás queda el sentir del caballero auténtico, aquel al que todos escuchaban porque él a todos quería escuchar. Atrás queda la felicidad y alegría de poder compartir que tenía el caballero auténtico, pues ahora, con la armadura, el caballero sólo puede sentir esa muralla entre él y el mundo, sentir esa separación y que debe estar alerta, en constante lucha, y que a cuantos más pueda vencer más se convencerá de que creó una buena armadura…

Sin embargo, debajo la armadura sigue palpitando el corazón amoroso del caballero auténtico, el brazo con la mano extendida dispuesta a ofrecer o el pie capaz de avanzar con seguridad hacia aquello que más tememos.

Tienes los ojos cerrados, así que date la oportunidad de escucharlo. Está justo aquí, donde tu corazón late con fuerza, cantando y animándote a que lo dejes amar al mundo.

Ámate, y ama al mundo.

Eres un gran caballero de luz.

Una buena  dosis de confianza para dar el paso te la regala el métode VEO

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